martes, 24 de agosto de 2010

Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, patrona de la ancianidad.

Una maestra amable. Nació en Aytona en 1843. Su tío abuelo, el Padre Palau (1811-1872) fue el fundador de un Instituto de Terciarias Carmelitas dedicadas a la enseñanza. Una tía materna se la llevó a Lérida para que pudiera estudiar. Hacia los catorce años decidió que quería ser maestra. En cuanto empezó a ejercer como tal, el Padre Palau quiso pescarla para sus escuelas. Teresa colaboró eficazmente con las Carmelitas durante años pero siempre como seglar. Buscaba otro camino y creyó encontrarlo en el noviciado de las Clarisas de Briviesca. Allí enfermó y tuvo que dejar el noviciado. Volvió a trabajar en la enseñanza con las Carmelitas del padre Palau hasta que este murió en 1872. Entonces regresó a Aytona y encontró su camino. Tenía ella 29 años y le quedaban 25 años de vida.
Una Fundadora amabilísima. Todo fue muy rápido. El mismo año de la muerte del padre Palau, Teresa fue de visita con su madre a Barbastro, y conocíó allí a don Pedro Llacera, un sacerdote de los que no pierden el tiempo y que, nada más verla, comprendió que era la persona que andaba buscando. Le dijo, sin rodeos, que un amigo suyo -don Saturnino López Novoa, canónigo en Huesca- quería fundar una congregación religiosa dedicada a la atención de los ancianos. Teresa volvió a Aytona, hizo las maletas y regresó a Barbastro. No llegó sola. La acompañaban una hermana -María- y una amiga -Mercedes Calzada-. Allí se encontraron con otras nueve aspirantes. En veinticnco años esas doce se iban a convertir en más de mil repartidas en 103 casas de España y América.
Una idea simple. La idea de don Saturnino era simple como el evangelio. Echar un vistazo alrededor, ver qué hace falta y remediar la necesidad que, en este caso, era el abandono en que se encontraba una muchedumbre de ancianos pobres, enfermos y, en definitiva, desamparados. Don Saturnino tejió la red con esa idea simple. Don Pedro Llacera echó la red y pescó a Teresa. Luego Teresa se pasó la vida cuidando de esos ancianos. Su ejemplo atrajo a las otras mil.
Amabilísima y eficaz. Como todo tenía que ser muy rápido hacía falta una persona práctica, mujer, por más señas, y santa. Era necesario, además, que tal persona tuviera sentido del humor para que su sentido sobrenatural no ofreciese dudas. Debía tener algo más por la misma razón: sentido común. La Madre Teresa era así y formó así a sus hijas. No quería cosas raras ni caras largas. Su sentido sobrenatural apreciaba la Eucaristía y la caridad como cauces para el encuentro con Dios. Su sentido común hacía el resto. Y su sentido del humor hacía que todo fuera humanamente amable, simple y desconcertante para los complicados.
¿Qué futuro les espera a las HADAS? Los típicos optimistas les auguran un futuro muy negro. Aducen que, gracias a Dios, cada vez es menos necesaria la caridad porque los amables políticos se encargan de que haya escuela gratis, medicina y hospital para todos. Pero todavía hay personas con sentido común. Benedicto XVI, por ejemplo, nos ha recordado que siempre será necesario el amor. Incluso los políticos saben que, al final, sus proyectos son demasiado humanos para ser eficaces. Y a las Hermanitas todo esto de su futuro les trae sin cuidado. Hay miles de ellas y, en sus más de doscientas casas, hacen lo que han hecho siempre, cuidar de los ancianos y preguntarle a Dios antes de acostarse: ¿Lo hemos hecho bien? Lo demás les importa muy poco. Por eso son tan alegres y tan amables, tan eficaces y tan buenas.
Lo que no puede tener mucho futuro es una civilización que se olvida del amor.
Santa Teresa Jornet: Ruega por nosotros.

domingo, 15 de agosto de 2010

San Esteban de Hungría

Si un rey es santo y no es un santo raro, tiene que ser un buen rey. Hoy en día nadie diría que san Esteban de Hungría fue un santo. Es normal. Hoy en día sabemos poco de santos y de reyes. Y casi nada de reyes santos.
San Esteban de Hungría fue un excelente rey de Hungría -eso lo saben todos los húngaros- y es un santo -cosa que solamente recordamos en la Iglesia católica cada 16 de agosto-.
¿Por qué fue un rey excelente de Hungría? Porque, si no fuera por él, Hungría no existiría.
¿Por qué es santo? Porque, si no hubiera sido por él, Hungría -de haber existido- habría sido un país cristiano por otro. Pero, sobre todo, porque no intentaba parecer bondadoso y amable sino obedecer a Dios.
San Esteban de Hungría: Ruega por nuestros reyes y por nosotros y por los reyes de todos... y por todos.

viernes, 13 de agosto de 2010

San Maximiliano Kolbe, presbítero y mártir.

Un niño travieso y polaco le hace exclamar a su madre: ¡Hijo mío! ¿Qué va ser de ti?
Poco después el niño parece cambiado. Su madre se preocupa y le pregunta qué le pasa. Y el niño cuenta, entre lágrimas, que se ha puesto de rodillas ante el altar de la Virgen y que la Virgen le ha hablado. Le ha mostrado dos coronas -una roja y otra blanca- y le ha preguntado que cuál de las dos quiere. Y él ha dicho que las dos. Y La Señora le ha dicho que tendrá las dos.
Años después ese niño es un franciscano enamorado de la Virgen y Polonia es un país ocupado por los nazis que deciden cerrar su convento. Maximiliano se despide de sus frailes como una madre puede despedirse de los niños que se van al colegio diciéndoles que no se olviden del bocadillo. Él les dice: no olvidéis el amor.
Esas palabras dicen todo lo que ha pasado con una civilización que no ha conocido el amor, o lo ha olvidado. Los campos de concentración y todo lo demás -la guerra, la persecución religiosa, el exterminio de judíos, gitanos, homosexuales, enfermos...- se viste de Ciencia y de Derecho. No son cosas de bárbaros sino de personas civilizadas y cultas. No son cosas de la Edad Media sino cosas ocurridas en la civilizadísma Europa del siglo XX. No son las consecuencias de un momento de obcecación o de locura, son cosas programadas fríamente por magistrados, políticos, filósofos, científicos... por profesionales.
Maximiliano Kolbe acaba en Auschwitz. Allí a cualquier falta leve se le aplica un castigo ejemplar. Si no aparece el culpable se elige a varios prisioneros al azar para ejecutarlos.
Las autoridades del campo de concentración reúnen a los presos y empieza el sorteo. Maximiliano oye las súplicas de uno de los condenados que dice: soy padre de familia, tengo hijos... Sale de entre las filas de sus compañeros y se ofrece a ocupar el puesto del condenado. Y sabe lo que le espera. El castigo consiste en meter a los condenados en unas celdas donde los dejarán morir de hambre y de sed para que se olviden del amor si alguna vez pensaron que tal cosa era posible entre los hombres.
Años después Juan Pablo II canonizó a San Maximiliano María Kolbe como mártir, como testigo del amor.
Su madre de la tierra le preguntaba angustiada: ¿Que va a ser de ti?
Santa María le dio las dos coronas.

San Ponciano, papa y san Hipólito, presbítero, mártires.

Hipólito era un sacerdote romano, discípulo de San Ireneo,  que llevaba años peleando con los herejes y con los Papas. A los herejes les reprochaba, con razón, sus herejías y a los Papas, sin razón, su blandura con los penitentes. Fueran cuales fueran sus razones el caso es que cometió uno de los pecados más graves que puede cometer un sacerdote: cometió un cisma. No quiso reconocer al Papa san Calixto; cuando este murió no quiso reconocer a su sucesor, San Urbano y, cuando murió san Urbano y fue elegido san Ponciano (230), tampoco se sometió a su autoridad. El sacerdote debe unir unido a su obispo. Si está peleado con su obispo y siembra divisiones,  atenta contra la unidad de la Iglesia y eso nunca está bien. Por eso cuando el demonio encuentra a un sacerdote que es listo y rebelde se alegra mucho.
El emperador Maximino el Tracio -que, por lo visto, medía casi tres metros- decidió acabar con la Cabeza de la Iglesia de Roma. Cuando le informaron de que la Iglesia romana estaba dividida entre los cristianos fieles al Papa y los seguirdores de Hipólito decidió mandarlos a ambos a Cerdeña. Allí Hipólito se recocilió con Ponciano. Para que la Iglesia de Roma no quedase sin pastor, Ponciano renunció al pontificado. Fue elegido Antero. Así, la reconciliación de san Hipólito y san Ponciano, unidos en el destierro y en martirio, tuvo como fruto el fin de un cisma.

martes, 10 de agosto de 2010

Santa Clara, virgen.

Santa Clara murió en Asís -el lugar donde había nacido 59 años antes- el 11 de agosto de 1253. El año siguiente fue canonizada por el Papa Alejandro IV. ¿Qué había hecho?
Hasta los dieciseis años vivió como una especie de princesa. Entonces sus padres le arreglaron el matrimonio con una especie de príncipe y dijo que ella se había consagrado a Dios. Eso era una especie de rebelión o, peor, una revolución.
Después oyó la predicación de San Francisco y decidió vivir el resto de sus días como una especie de esclava en completa libertad, obediencia, castidad y pobreza. El año 1212 -fecha muy fácil de recordar, tenía dieciocho añitos- consumó la rebelión fugándose de casa y refugiándose en un convento. La revolución estaba en marcha y era imparable. Su hermana Inés siguió su ejemplo y luego la siguieron otras dos hemanas. Luego la revolución se puso de moda y, mientras los jóvenes de Asís se hacían Franciscanos, las chicas jóvenes llamaban a las puertas de Santa Clara para hacerse clarisas.
Pero entonces, ¿qué había hecho para merecer ser canonizada tan rápidamente?
Pues había organizado una gran revolución de amor que empezó en su corazón y le pegó fuego al mundo.

lunes, 9 de agosto de 2010

San Lorenzo, diácono y mártir.

Nacido en Huesca, Lorenzo fue ordenado diácono por el Papa Sixto II. Tras el martirio del Papa, Lorenzo envío a España el Santo Grial que se venera en Valencia. Él mismo sufrió el martirio cuatro días después de la muerte del Papa.
En uno de sus sermones, San Agustín recordaba cómo el santo diácono que había administrado la sangre de Cristo también derramó su propia sangre por el nombre de Cristo.
Siete diáconos mártires en agosto. hay que tratar muy bien a don José Mario.

viernes, 6 de agosto de 2010

San Sixto II, mártir.

El año 253 fue proclamado emperador Valeriano. Consultado acerca de cómo había que proceder con los cristianos publicó un rescripto en el que prohibía bajo pena de muerte las reuniones de los fieles. Inmediatamente se desató una nueva persecución y el año 257 el Papa Esteban I fue martirizado. 
Le sucedió ese mismo año Sixto II, vigésimo cuarto Papa. El 6 de agosto  del año 258 Sixto II y seis de sus diáconos fueron ejecutados en cumplimiento de esa misma disposición imperial. Lo recordamos hoy, día siete, porque ayer fue la Transfiguración
Había siete diáconos en Roma. El séptimo, San Lorenzo, alcanzó la palma del martirio cuatro días después.
Agosto es un mes estupendo para dar testimonio de nuestra fe.
¿Y el emperador Valeriano? Que Dios lo tenga en su Gloria. Estará arrepentido de lo que hizo, si está allí. Yo, durante este mes, me propongo no quejarme del calor y tratar muy bien a Don José Mario que es el único diácono que tenemos en Villena.